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Editorial
Hoy, 18 de enero del 2012, será recordado como el día del “apagón” de Internet, al que, hasta la hora de publicación de este editorial, se han unido cerca de 20 000 sitios Web de todo el mundo, entre los que destacan Wikipedia y Greenpeace, por mencionar algunos.
El apagón, que es la auto-censura de sitios y servicios web (como es el caso de Wikipedia), responde a la necesidad de crear conciencia contra el proyecto de ley conocido como Stop Online Piracy Act (SOPA), que fue introducido en octubre del año pasado en la Cámara de Representantes de Estados Unidos.
El objetivo de SOPA es darle un mayor campo de acción a aquellos grupos de interés que buscan proteger su propiedad intelectual y combatir el tráfico de contenido “pirateado” en la red. Esto implica todo tipo de archivos como documentos, software, música y películas.
Desde su introducción en el Senado de los Estados Unidos, el proyecto ha generado polémica por las repercusiones que traería su implementación, ya que otorga al Departamento de Justicia de Estados Unidos, y a aquellos propietarios de los derechos intelectuales, el poder para tomar acciones judiciales contra los sitios o servicios Web que infrinjan directa o indirectamente esta ley.
Esto traería no solo sanciones como el bloqueo de un sitio o la apropiación de un dominio, sino que podría acarrear acciones penales como encarcelamiento.
No obstante, a pesar de la polémica generada, la ley está siendo defendida por grupos de interés como la industria discográfica, cinematográfica y empresas como Microsoft y Adobe.
¿Cuál es el problema?
La problemática generada por SOPA responde en primer lugar a un aspecto técnico.
Por un lado, los expertos de la Electronic Frountier Foundation (EFF), indican que la legislación atenta contra varios principios tecnológicos de lo que hoy es Internet. Además, ellos opinan que la centralización de un sistema de censura, similar a los utilizados en países como China o Irán, volvería más insegura “la red” en Estados Unidos y por ende a toda la Web como conjunto.
Esto saca a la luz un problema de fondo: quienes redactaron y ahora apoyan esta ley, no buscaron asesoría técnica suficiente. Asimismo, no fueron siquiera consultados los expertos de la EFF, cuyos miembros son, en su mayoría, los fundadores y creadores de lo que hoy conocemos con Internet.
El debate trasciende a lo tecnológico
Los detractores del proyecto, entre ellos Greenpeace, Wired, Wikipedia y Google, alegan que, más allá de la propiedad intelectual, SOPA atenta contra la libertad de Internet.
Según voceros de estas organizaciones, lo que es más grave es que la ley pone en manos de un pequeño grupo la censura de algo tan masivo como es el acceso a la información, lo que podría perjudicar a la sociedad como conjunto.
Para nadie es un secreto que la red ha sido el motor detrás de innovaciones como Google, que es la sangre de nuevas tecnologías como el Cloud Computing, y que permite que familias del otro lado del planeta se comuniquen a través de las redes sociales.
Quién pondría olvidar que fue Internet el medio decisivo en la erradicación de dictaduras como el caso de Egipto.
¿Qué pasaría en el momento que un país como Estados Unidos comience a monitorear (por no decir espiar) y a censurar la red de la misma forma como lo hace China?
¿Cuantos de nuestros sitios Web, de nuestras empresas, redes sociales y hasta personales están domiciliados en servidores en Estados Unidos?
¿Puede nuestra sociedad poner en riego la capacidad de innovar y generar nuevas oportunidades apalancadas en plataformas como Internet?
Y por otro lado, ¿podemos no regular Internet indefinidamente?
Además, aunque SOPA no sea la respuesta, ¿no podría ser ésta una lección aprendida hacia una legislación que realmente vele por los intereses de la mayoría en Internet?
La pregunta no es una, sino muchas.
Juan Miguel Tirado
Editor general - Revista IT NOW
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